¿Te ocurre que entiendes perfectamente a algunas personas, pero que con otras tienes que pedir que repitan constantemente lo que han dicho?
Puede que con un familiar mantengas una conversación sin ningún problema y, sin embargo, cuando habla otra persona tengas que concentrarte mucho más para seguir sus palabras.
Esta situación es bastante habitual y puede tener diferentes explicaciones. La voz de cada persona tiene unas características diferentes, pero también puede ocurrir que determinadas voces hagan más evidente una dificultad auditiva que en otras situaciones pasa desapercibida.
No todas las voces se perciben de la misma manera
Las voces humanas no son iguales.
Cada persona tiene un tono, una intensidad, una velocidad y una forma de pronunciar las palabras diferentes. Algunas voces son más graves, otras más agudas; algunas personas hablan despacio y vocalizan mucho, mientras que otras hablan rápidamente o enlazan unas palabras con otras.
Estas diferencias pueden hacer que una persona resulte más fácil o más difícil de entender.
Además, no todos los sonidos que forman las palabras tienen la misma importancia para comprender el habla. Cuando determinados sonidos no se perciben con suficiente claridad, podemos escuchar que alguien está hablando, pero tener dificultades para identificar exactamente qué ha dicho.
Por eso es posible reconocer perfectamente la voz de alguien y, aun así, no entender todas sus palabras.
“A unas personas las entiendo y a otras no”
Esta frase es frecuente entre personas que empiezan a notar dificultades para comprender conversaciones.
Puede ocurrir, por ejemplo, que entiendas bien a tu pareja porque estás acostumbrado a su forma de hablar, pero que tengas más dificultades con una persona que habla más deprisa o tiene una voz diferente.
También puede influir el contexto.
Si estás conversando tranquilamente con alguien en casa, probablemente tengas muchas pistas que te ayudan a entender la conversación. Pero si esa misma persona habla desde otra habitación, hay ruido de fondo o varias personas están hablando al mismo tiempo, la situación puede cambiar considerablemente.
Por eso no basta con preguntarse:
“¿Oigo a esta persona?”
También es importante preguntarse:
“¿Entiendo lo que me está diciendo?”
Las voces graves y agudas pueden percibirse de forma diferente
Una de las características que diferencia unas voces de otras es su tono.
Las voces más graves y las más agudas contienen diferentes componentes sonoros. Dependiendo de cómo sea nuestra audición, determinadas voces pueden resultarnos más fáciles de percibir que otras.
Esto puede explicar que alguien diga:
“A mi marido lo entiendo perfectamente, pero a mi hija me cuesta mucho más entenderla”.
No significa necesariamente que una persona hable peor que la otra. Puede ser que determinadas características de su voz hagan más evidente una dificultad para percibir algunos sonidos del habla.
Hablar deprisa también puede complicar la comprensión
La velocidad al hablar es otro factor importante.
Cuando alguien habla muy rápido, tenemos menos tiempo para procesar cada palabra. Si además algunos sonidos no se perciben con claridad, la conversación puede convertirse en un esfuerzo constante.
En esos casos es habitual pedir:
- “Habla un poco más despacio”.
- “Repítemelo”.
- “No te he entendido”.
- “¿Qué has dicho?”
Si esto ocurre ocasionalmente, no tiene por qué ser significativo. Pero si necesitas hacerlo cada vez con más frecuencia, conviene observar si también sucede en otras situaciones.
Cuando el problema aparece sobre todo con el ruido
Una de las situaciones que más puede poner de manifiesto una dificultad para entender el habla es el ruido.
En un restaurante, una reunión familiar o una comida con varias personas, no solo tenemos que escuchar la voz de quien habla. También tenemos que separar esa voz de todos los sonidos que hay alrededor.
Si una persona tiene dificultades para distinguir determinados sonidos, el ruido puede hacer que la comprensión sea mucho más complicada.
Puede ocurrir entonces que en casa entiendas prácticamente todo, pero que en un restaurante tengas que pedir constantemente que repitan lo que han dicho.
Este tipo de diferencia entre ambientes tranquilos y ruidosos merece atención, especialmente cuando empieza a afectar a las conversaciones habituales.
El contexto puede ayudarte sin que te des cuenta
Cuando escuchamos una conversación, nuestro cerebro no trabaja únicamente con los sonidos.
También utilizamos el contexto para anticipar lo que probablemente va a decir la otra persona.
Por ejemplo, si alguien está hablando de una comida y no percibes perfectamente una palabra, puedes deducirla por el resto de la frase.
Esto permite que muchas pequeñas dificultades pasen desapercibidas durante bastante tiempo.
El problema puede hacerse más evidente cuando la conversación cambia de tema, la persona utiliza palabras que no esperabas o habla en un entorno con más ruido.
Por eso algunas personas sienten que “más o menos oyen bien”, pero terminan agotadas después de mantener una conversación larga.
¿Tener que pedir que repitan siempre significa que tengo pérdida auditiva?
No necesariamente.
Pedir que repitan una frase puede ocurrirle a cualquiera. Una persona puede hablar demasiado deprisa, haber ruido alrededor, existir una mala conexión telefónica o simplemente no haber prestado atención durante un momento.
Lo importante es la frecuencia y el contexto.
Si cada vez necesitas más repeticiones, si tienes problemas para seguir conversaciones en lugares con ruido, si subes habitualmente el volumen de la televisión o si notas que escuchar requiere mucho esfuerzo, puede ser conveniente revisar tu audición.
Una revisión auditiva puede ayudarte a saber si existe realmente una dificultad y a conocer cómo está funcionando tu audición.
Escuchar bien no debería depender siempre de quién habla
Es normal que determinadas personas nos resulten más fáciles de entender que otras.
Sin embargo, si empiezas a depender demasiado de que una persona hable despacio, vocalice mucho o se encuentre muy cerca para poder comprenderla, puede ser una señal de que tu audición necesita ser valorada.
No se trata únicamente de escuchar sonidos.
Se trata de poder participar en una conversación sin tener que hacer un esfuerzo constante para descifrar cada palabra.
Si has empezado a notar que algunas voces se entienden mucho peor que otras, observa también qué ocurre cuando hay ruido, cuando hablan varias personas o cuando no puedes mirar directamente a quien está hablando.
La combinación de estas situaciones puede darte pistas importantes sobre cómo está funcionando tu audición.
Una revisión puede ayudarte a salir de dudas
No es necesario esperar a que las dificultades sean muy evidentes para consultar.
Una revisión auditiva permite valorar cómo estás percibiendo los sonidos y comprobar si existe alguna pérdida auditiva que pueda estar afectando a la comprensión de las conversaciones.
Si notas que últimamente dices con frecuencia “¿qué?” o “repítemelo”, que algunas personas te resultan especialmente difíciles de entender o que las conversaciones requieren demasiado esfuerzo, puede ser un buen momento para revisar tu audición.
Escuchar a las personas que nos rodean y entender lo que quieren decir es una parte fundamental de nuestra vida cotidiana.
Y cuando algo empieza a cambiar, prestar atención a esas primeras señales puede ayudarte a actuar antes de que la dificultad termine condicionando tus conversaciones.








