Quedar con amigos, comer con la familia, tomar un café, acudir a una celebración o simplemente charlar un rato puede parecer algo sencillo.
Pero cuando escuchar y entender las conversaciones empieza a resultar difícil, estas situaciones pueden dejar de ser tan agradables.
Quizá ya no disfrutas igual de una comida familiar porque hay demasiadas personas hablando. Tal vez prefieres sentarte siempre en el mismo sitio para poder escuchar mejor. O puede que hayas empezado a rechazar algunos planes porque sabes que tendrás dificultades para seguir las conversaciones.
La pérdida auditiva no afecta solamente a lo que escuchamos. También puede influir en cómo participamos en nuestra vida social.
Cuando una conversación deja de ser sencilla
En una conversación normal no solo tenemos que escuchar.
También tenemos que seguir el hilo, identificar quién está hablando, responder cuando corresponde y entender los comentarios que hacen los demás.
Cuando existe una dificultad auditiva, cada una de estas tareas puede requerir un esfuerzo adicional.
Si además hay ruido, varias personas hablando al mismo tiempo o una distancia considerable entre los interlocutores, la dificultad aumenta.
Por eso una persona puede terminar una reunión pensando:
“Estoy agotado de intentar seguir la conversación”.
No necesariamente porque la reunión haya sido especialmente larga, sino porque escuchar ha requerido mucha concentración.
“Prefiero quedarme en casa”
Una de las señales a las que conviene prestar atención es empezar a evitar determinadas situaciones.
Puede comenzar de una manera muy discreta.
Primero dejas de ir a restaurantes especialmente ruidosos.
Después prefieres no sentarte en reuniones donde hay muchas personas.
Quizá dejas de participar tanto cuando hay varias conversaciones simultáneas.
Y poco a poco puedes acabar escogiendo actividades en las que sabes que no tendrás que esforzarte tanto para escuchar.
El problema es que, sin darte cuenta, una dificultad auditiva puede hacer que reduzcas algunas de las actividades que antes disfrutabas.
No siempre es falta de interés
Cuando alguien no participa en una conversación, los demás pueden interpretar que no está interesado.
Pero la realidad puede ser muy diferente.
Una persona que tiene dificultades para escuchar puede quedarse en silencio porque no ha entendido la pregunta, porque no sabe quién está hablando o porque teme responder algo que no corresponde.
También puede sonreír o asentir aunque no haya entendido completamente lo que se ha dicho para evitar pedir otra vez que repitan.
Desde fuera puede parecer desinterés.
Por dentro, puede estar haciendo un gran esfuerzo por seguir la conversación.
Las comidas familiares son un buen ejemplo
Imagina una mesa con ocho o diez personas.
Hay conversaciones cruzadas, platos, cubiertos, ruido de fondo y personas que hablan desde diferentes posiciones.
En una situación así, identificar una voz concreta y seguir sus palabras puede ser mucho más complicado que hablar tranquilamente con una sola persona en casa.
Por eso algunas personas dicen:
“En casa escucho bien, pero cuando estamos todos juntos no entiendo nada”.
Esta diferencia es importante.
No significa que la persona no escuche absolutamente nada en el segundo escenario. Significa que las condiciones de escucha son mucho más exigentes.
También puede afectar a las relaciones familiares
Cuando una persona pide constantemente que repitan las cosas, es posible que las conversaciones empiecen a resultar frustrantes tanto para ella como para quienes la rodean.
Puede aparecer cierta tensión:
—“Ya te lo he dicho”.
—“Es que no te he oído”.
—“Siempre tengo que repetirte las cosas”.
Estas situaciones, cuando se repiten durante mucho tiempo, pueden terminar afectando a la comunicación.
En ocasiones, el problema no es la falta de voluntad para escuchar, sino una dificultad auditiva que no ha sido detectada o que no está siendo compensada adecuadamente.
Evitar el ruido puede ayudar, pero no debería ser la única solución
Elegir lugares más tranquilos, sentarse cerca de quien habla o reducir el ruido de fondo son estrategias muy útiles.
También puede ayudar mirar a la persona que está hablando y pedirle que hable con claridad.
Pero si necesitas aplicar constantemente estas estrategias para poder mantener una conversación, quizá convenga preguntarse por qué.
Adaptar el entorno puede facilitar la escucha, pero no siempre resuelve el origen de la dificultad.
Una revisión auditiva puede ayudar a determinar si existe una pérdida auditiva que esté haciendo que determinadas situaciones sean especialmente complicadas.
Si utilizas audífonos, la adaptación también es importante
Para las personas que utilizan audífonos, las situaciones sociales pueden ser especialmente importantes a la hora de comprobar si la adaptación está funcionando correctamente.
No es lo mismo escuchar tranquilamente en casa que participar en una comida familiar, una reunión o una conversación en un restaurante.
Si notas que sigues teniendo dificultades en determinados ambientes, no significa necesariamente que tengas que resignarte a ellas.
Puede ser necesario revisar el funcionamiento de los audífonos, su ajuste o la manera en la que estás utilizándolos.
Por eso el seguimiento profesional forma parte de una buena adaptación.
No tienes que esperar a aislarte para actuar
Una dificultad auditiva no tiene por qué llegar al punto de impedirte participar en tu vida social.
De hecho, prestar atención a las primeras señales puede ayudarte a actuar antes.
Si notas que:
- Te cuesta seguir conversaciones cuando hay varias personas.
- Evitas restaurantes o lugares con mucho ruido.
- Pides constantemente que repitan lo que han dicho.
- Te sientes agotado después de una reunión.
- Participas menos en las conversaciones familiares.
- Prefieres no acudir a determinados planes.
- Te cuesta entender incluso cuando estás cerca de quien habla.
Puede ser un buen momento para revisar tu audición.
Escuchar mejor también es poder participar
La audición está estrechamente relacionada con nuestra manera de comunicarnos con los demás.
Poder escuchar una conversación no consiste únicamente en percibir las voces. También necesitamos comprender las palabras, seguir el hilo y responder de manera natural.
Por eso, cuando escuchar empieza a requerir demasiado esfuerzo, es importante no normalizarlo.
No tienes por qué dejar de acudir a una comida familiar porque sabes que te costará entender.
No tienes por qué renunciar a una conversación con amigos porque el lugar tenga algo de ruido.
Y tampoco deberías pensar que pedir constantemente que repitan es simplemente “cosa de la edad”.
Una revisión puede ser el primer paso
Si notas que las conversaciones sociales son cada vez más difíciles, una revisión auditiva puede ayudarte a conocer mejor cómo está funcionando tu audición.
Detectar una posible dificultad permite valorar qué opciones existen y, si utilizas audífonos, comprobar que están correctamente adaptados a tus necesidades.
El objetivo no es solamente escuchar más.
Es poder volver a participar en las conversaciones con comodidad y confianza.
Porque seguir hablando con nuestra familia, disfrutar de una comida con amigos o participar en una reunión también forma parte de nuestra calidad de vida.
Y si escuchar mal está haciendo que poco a poco te apartes de esas situaciones, quizá sea el momento de prestar atención a tu audición.








