Muchas personas solo se preocupan por su audición cuando empiezan a notar un problema evidente: necesitan subir el volumen de la televisión, piden que les repitan las cosas constantemente o tienen dificultades para seguir una conversación cuando hay ruido.
Pero la audición puede cambiar de manera progresiva y, en ocasiones, nos acostumbramos poco a poco a escuchar peor sin darnos cuenta.
Por eso surge una pregunta muy habitual: ¿cada cuánto tiempo conviene hacerse una revisión auditiva?
La respuesta no es exactamente igual para todo el mundo. Depende de la edad, los antecedentes, la exposición al ruido, la existencia de dificultades auditivas previas y de los cambios que cada persona vaya percibiendo.
No es necesario esperar a tener un problema evidente
Una revisión auditiva no debería ser únicamente una respuesta ante una dificultad.
También puede servir para conocer cuál es nuestro estado auditivo y detectar posibles cambios.
Esto es especialmente útil cuando tenemos la sensación de que escuchamos “más o menos bien”, pero empezamos a notar pequeñas situaciones que antes no ocurrían.
Por ejemplo:
- Necesitas subir cada vez más el volumen de la televisión.
- Te cuesta entender a algunas personas.
- Pides que repitan lo que han dicho.
- Tienes dificultades cuando hay ruido.
- Te cuesta seguir conversaciones con varias personas.
- Necesitas mirar a la cara para comprender mejor.
- Las conversaciones largas terminan agotándote.
Una sola de estas situaciones no significa necesariamente que exista una pérdida auditiva.
Pero si empiezan a repetirse, puede ser un buen momento para revisar la audición.
¿Hay una frecuencia concreta para todo el mundo?
No existe una única periodicidad que sirva para todas las personas.
Las necesidades de un adulto sin dificultades auditivas conocidas no son las mismas que las de alguien que ya presenta una pérdida auditiva o utiliza audífonos.
También hay que tener en cuenta determinadas circunstancias personales y profesionales.
Por eso, más que fijar una fecha idéntica para todos, es importante establecer un seguimiento adecuado a cada caso.
Si no noto nada, ¿también debería revisar mi audición?
Sí puede ser recomendable.
Uno de los problemas de la pérdida auditiva es que muchas veces aparece de forma progresiva.
No necesariamente te levantas un día y de repente escuchas mucho peor.
Puede comenzar con pequeñas dificultades:
“¿Qué has dicho?”
“Habla un poco más alto”.
“No te entiendo con el ruido”.
“Voy a subir la televisión”.
Al principio pueden parecer situaciones aisladas.
Con el tiempo, sin embargo, pueden convertirse en algo habitual.
Por eso una revisión puede ayudar a identificar cambios que todavía no percibimos claramente en nuestra vida diaria.
Hay situaciones que justifican una revisión antes
Aunque no tengas prevista una revisión, hay determinados cambios que deberían llevarte a consultar.
Por ejemplo, si notas una disminución de la audición, dificultades nuevas para comprender conversaciones o un cambio repentino en la forma de escuchar.
También si tu familia empieza a comentarte que no respondes cuando te hablan o que necesitas repetir constantemente las cosas.
A veces las personas de nuestro entorno detectan estos cambios antes que nosotros.
No significa que tengan necesariamente razón, pero sí puede ser una señal que merezca la pena comprobar.
¿Y si ya utilizo audífonos?
En ese caso, el seguimiento cobra todavía más importancia.
Los audífonos están adaptados a unas necesidades auditivas concretas, pero tanto esas necesidades como las situaciones en las que utilizamos los dispositivos pueden cambiar con el tiempo.
Puede que actualmente participes en más reuniones, tengas una vida social más activa o te encuentres con frecuencia en ambientes ruidosos.
Si notas que determinadas situaciones vuelven a ser complicadas, conviene comentarlo con el profesional que realiza tu seguimiento.
Una revisión puede servir para comprobar tanto tu audición como el funcionamiento y adaptación de tus audífonos.
No todas las dificultades aparecen en una prueba sencilla
La experiencia cotidiana también proporciona información importante.
Quizá una persona diga que escucha correctamente en una conversación tranquila, pero tenga enormes dificultades en un restaurante.
Otra puede escuchar la televisión, pero no entender bien los diálogos.
Alguien puede mantener una conversación individual sin problemas y, sin embargo, perderse cuando hablan cuatro o cinco personas.
Por eso, cuando acudas a una revisión, es importante explicar en qué situaciones concretas tienes dificultades.
No es lo mismo decir “oigo peor” que explicar:
“En casa entiendo bien, pero en las comidas familiares pierdo gran parte de la conversación”.
Ese tipo de información ayuda a comprender mejor cómo está afectando la audición a tu día a día.
¿Qué puede aportar una revisión auditiva?
Una revisión permite valorar cómo estás percibiendo diferentes sonidos y comprobar si existe alguna dificultad auditiva.
A partir de los resultados, el profesional puede orientarte sobre tu situación y, cuando sea necesario, sobre las diferentes opciones disponibles.
Pero también puede ocurrir que no exista una pérdida auditiva significativa.
En ese caso, conocerlo también resulta útil.
Una revisión no tiene como objetivo venderte una solución, sino conocer cómo está tu audición y ayudarte a tomar decisiones con información.
La revisión también sirve para comparar cambios
Conocer cómo estaba nuestra audición anteriormente puede ser útil para detectar cambios con el paso del tiempo.
Por eso el seguimiento tiene valor.
No se trata solamente de realizar una prueba una vez y olvidarse durante años.
Si existen factores de riesgo, antecedentes o dificultades auditivas, llevar un control permite observar la evolución y actuar si se producen cambios.
Presta atención a las señales de tu día a día
Más allá de cualquier calendario, hay una pregunta sencilla que puedes hacerte:
¿Estoy escuchando igual que hace un tiempo?
Piensa en situaciones cotidianas.
¿Entiendes las conversaciones igual que antes?
¿Necesitas más volumen para ver la televisión?
¿Te cuesta más hablar por teléfono?
¿Tienes problemas en restaurantes o reuniones?
¿Pides que repitan las cosas con más frecuencia?
¿Terminas cansado después de intentar seguir una conversación?
Las respuestas pueden ayudarte a identificar cambios que quizá habías normalizado.
¿Cuándo deberías pedir una revisión?
Si llevas tiempo notando dificultades, no es necesario esperar a que sean más importantes.
Una revisión puede ser especialmente recomendable cuando:
- Notas cambios en tu capacidad para escuchar.
- Tu familia te comenta que escuchas peor.
- Las conversaciones con ruido se han vuelto complicadas.
- Has empezado a subir el volumen de la televisión.
- Te cuesta entender por teléfono.
- Tienes que pedir que repitan constantemente.
- Las conversaciones requieren demasiado esfuerzo.
- Utilizas audífonos y notas que ya no funcionan como antes.
Y ante una pérdida auditiva repentina, especialmente si aparece de forma brusca o afecta claramente a un oído, no conviene esperar a una revisión rutinaria: es importante buscar valoración médica.
Cuidar la audición también significa hacer seguimiento
La audición forma parte de nuestra comunicación y de nuestra vida cotidiana.
Nos permite hablar con nuestra familia, participar en reuniones, disfrutar de una comida con amigos, escuchar la televisión o mantener una conversación por teléfono.
Por eso no deberíamos esperar a que las dificultades sean grandes para empezar a prestar atención.
No existe un número mágico de meses o años que indique cuándo todas las personas deben hacerse una revisión.
La frecuencia adecuada depende de cada persona y de su situación auditiva.
Pero si hace tiempo que no revisas tu audición o has empezado a notar cambios en situaciones cotidianas, puede ser un buen momento para hacerlo.
¿Hace cuánto que no revisas tu audición?
Si tienes dudas sobre cómo estás escuchando actualmente, en Aurisen podemos realizar una valoración de tu audición y orientarte según tus necesidades.
No tienes que esperar a tener una pérdida auditiva importante para consultar.
Conocer cómo está tu audición es el primer paso para poder cuidarla.








